jueves, 7 de febrero de 2013

Retos a la carta (II): En 20x10 palabras

¿Recordáis a Jorge? Sí, el mismo que me retó en su día a escribir sobre una estantería. Pues ha vuelto a las andadas. Y esta vez no viene solo...

En esta ocasión la prueba consiste en escribir un relato que incluya palabras aportadas por nuestros compañeros del trabajo. Tenía que intentar, por supuesto, que el texto tuviese sentido, sin usar frases forzadas. Es decir, que las palabras se amoldasen al relato, no al revés.

Como me gustó la idea nos pusimos a preguntar y recopilamos 20 términos. Y hay de todo, desde vocablos normales y típicos ("hija" o "coche") hasta una excentricidad que nadie había oído antes: "almadraba" (muchas gracias, Víctor...). El repertorio final, ordenado alfabéticamente, es el siguiente:

almadraba 
armario 
caca 
coche 
cojinete 
comisura 
fresa 
hija 
limón 
martillo
melocotón 
mimosa 
mochila 
patata 
pipeta 
primavera 
probeta 
puta 
rayas 
tejón

Una vez obtenidas todas ellas sólo faltaba limitar la extensión. Por ello, y para hacerlo más emocionante (y simple) determinamos poner un límite de 200 palabras (es decir, una de la lista por cada diez del texto). ¡Y ya está!, reto creado. Sólo faltaba escribir.

Y es ahora cuando os presento, para bien o para mal, el resultado final. No sin antes deciros que estoy abierto a cualquier reto que queráis proponer para esta nueva sección.

En cuanto a éste... Ya me dirán mis compañeros si he superado la prueba...



···


«Empieza por “A”: “pesca de atunes”».
Almadraba... Sara susurró despreocupada la palabra viendo los coches pasar por la Avenida de las Mimosas, adornadas ya desde principios de la primavera con sus flores color limón. Se giró y observó a su padre toser de pie frente al televisor, manchando con restos de fresa su camisa a rayas favorita; aquélla que siempre le hacía parecer un enorme y torpe tejón. —Ya está la listilla... ¿Y por qué no vas tú al programa, hija? Así podrías conseguirnos algo de dinero y dejarte de pribetas y popetas de una puta vez —bramó, recogiendo el martillo del suelo y arrodillándose sobre el cojinete de coser de la abuela, dispuesto a reparar al fin el carcomido armario del salón. —Y dale... Son ”probetas” y “pipetas”, papá —corrigió Sara, limpiándose de la comisura de la boca el jugo del melocotón que estaba comiendo—. Y ya sé que no dan mucho dinero, pero al menos tenemos patatas cocidas y algo de fruta... —¡Oh! Muchas gracias, Ciencia... ¡Por esta caca de banquete! —se burló él. Harta cogió la mochila y se fue con un portazo, sin poder evitar sonreír al escuchar el mueble derrumbarse en el interior.