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Lágrimas negras

La mina llora.  Llora porque ya casi nadie se acuerda de ella. De lo que ha significado, significa y significará para esta tierra que tanto amamos. Porque le debemos mucho dolor, sí, pero también infinita vida. E infinitos símbolos de resistencia, de revolución. De lo que somos los asturianos: duros e indomables.  Llora porque, cuando todo acabe, cuando el último pozo se haya cerrado y no quede ningún "abuelo picador" sentado en el pueblo contando su historia, sólo el perfil de los castilletes en lo profundo de los valles indicarán que existió alguna vez. Sola, en mitad de la tierra. Como Asturias. Llora porque ya nadie la valora. Porque dicen que es mucho más rentable traer el mineral de afuera y cerrarla a ella, quedando la gente sin trabajo; sin pozos y sin alternativas. Mientras son otros, y no los mineros, los que se enriquecen de ti. De tu abandono. De tu muerte.  La mina llora porque el grisú irrita sus ojos, porque los postes se le fracturan y po...

50 razones

Hace unos días me encontré con  este artículo  de Jot Down sobre 100 razones por las que la vida merece la pena, y si bien me pareció una idea interesante más aún lo fue el darme cuenta de que sólo coincidía en un par de cosas. Por ello he decidido elaborar mi propia lista, aunque más humilde (sólo 50) y centrada en momentos y sensaciones puntuales. Así pues, y sin orden en particular… Bea. Sentir canciones como  ésta . Por siempre. Escuchar el bramido del mar. Sentirte nada bajo un cielo estrellado. Ciertos paseos solitarios, inmerso en mis pensamientos. Todo lo que me queda por escribir. Inspirarme con el trabajo de los demás. Leer hasta las tantas sin darme cuenta. Lo mismo, pero con YouTube. Una siesta a la sombra de un buen árbol. Presenciar cómo evolucionaremos, qué más inventaremos. Presenciar cómo nos destruiremos. El estúpido éxtasis de ganar a juegos como el "2048" . Los momentos de intimidad. Sí, también ésos. Tirarme en la cama y estirar bi...

Sobre la inspiración

La necesitamos, y ella lo sabe. Todos los que alguna vez hemos tenido delirios de escritor somos conscientes de que sin inspiración no somos nadie. Que nos es  vital . Pero que también es  caprichosa , como la ley de Murphy . E inoportuna , apareciendo cuando no podemos hacerles caso o escondiéndose cuando la buscamos desesperados (siendo éste, además, su pasatiempo favorito). Y de nada servirán nuestras quejas o ruegos al aire; sólo ella sabe cuándo hará acto de presencia. Pero he de decir que esta imprevisibilidad no siempre es mala, ya que a veces la musa es también  generosa y te regala algún que otro momento especial. Y siempre ocurre igual: de repente ves, escuchas o simplemente vives algo que te hace parar por un segundo mientras sientes que te inunda un cúmulo de sensaciones e ideas. Deseas volver a casa corriendo y ponerte a escribir sin parar, intentando plasmar gráficamente lo que sentiste durante ese momento de inspiración para poder transmitirlo. Pre...

Retos a la carta (II): En 20x10 palabras

¿Recordáis a Jorge ? Sí, el mismo que me retó en su día a escribir sobre una estantería . Pues ha vuelto a las andadas. Y esta vez no viene solo... En esta ocasión la prueba consiste en escribir un relato que incluya palabras aportadas por nuestros compañeros del trabajo . Tenía que intentar, por supuesto, que el texto tuviese sentido, sin usar frases forzadas. Es decir, que las palabras se amoldasen al relato, no al revés. Como me gustó la idea nos pusimos a preguntar y recopilamos 20 términos . Y hay de todo, desde vocablos normales y típicos ( "hija" o "coche") hasta una excentricidad que nadie había oído antes: "almadraba" (muchas gracias, Víctor...). El repertorio final, ordenado alfabéticamente, es el siguiente: almadraba  armario  caca  coche  cojinete  comisura  fresa  hija  limón  martillo melocotón  mimosa  mochila  patata  pipeta  primavera  probeta...

El regreso

¿A quién pretendes engañar? Por mucho que reniegues y amagues con abandonar siempre acabas volviendo; unas pocas palabras más. Ni la falta de tiempo ni la desgana en general acaban por impedir que dejes la tecla en paz. Pero aunque dices que basta, que quieres cambiar y ser capaz de componer cada día un poco más la realidad es la rutina; permaneces igual. Sin coger siquiera un boli, viendo el tiempo pasar. Te gusta escribir, ¡sí! Te gusta imaginar. Te encanta dar forma a batallas y amistad. Así que deja las tonterías: afronta la verdad. Saca un hueco de donde sea, de aquí o de allá, y satisface tus ansias hablando del bien y del mal. Álvaro, ¿a quién pretendes engañar? Necesitabas regresar.

Vacaciones Santillana

"—Se nos olvida algo... Estoy segura —sentenció Dolores meneando la cabeza. —No empecemos, Loli, ¡por favor te lo pido! —rogó su marido encorvado sobre el volante—. ¡Si ni siquiera hemos salido de la ciudad! —Pero falta algo, ¡seguro! Y me desespera no saber el qué... Déjame repasarlo todo otra vez: persianas cerradas, luces apagadas,... La escena se repetía un verano más en el pequeño utilitario de los Santillana. Habían salido muy temprano, en un vano intento de evitar el colapso de la autopista. Pero Jacinto sabía que eso era imposible; que a esas horas todo el mundo trataba de salir en dirección a la costa. Como ellos. Cinco horas de asfixiante viaje en aquel diminuto coche lleno de maletas. Y de niños: —Papá, tengo sed. —Pues bebe, hijo. —Pero es que está caliente. —Pues es lo que hay. —Pero yo no quiero agua caliente. —Ni yo aguantarte todo el viaje, Lucas. Así que o lo bebes o te callas o paro el coche y te tiro de cabeza al río más cercano p...

Historias que contar

"El inspector frunció el ceño mientras volvía a bajar la sábana, tapando con cuidado el rostro desfigurado del joven. La caída había sido breve, pero mortal de necesidad desde un séptimo piso. Y para Linares la cosa estaba clara: un pequeño salto y adiós a las deudas, el paro y la madre que los parió a todos. Se levantó y vio a su alrededor a los dos agentes que empezaban a inspeccionar el lugar antes de subir a la vivienda del ahora cadáver: Roberto Pedregal Cortés. Toledano, de 29 años. Casado y sin antecedentes. También observó resignado la multitud que se agolpaba ya en torno al cordón policial, murmurando y especulando a voces. Morboso y ávido de sangre, como siempre había sido el populacho en la humanidad. Destacaba sin embargo, entre tanto revuelo, un pequeño pero fuerte hombre de sombrero calado y hombros anchos. Llevaba en la boca un cigarro a medias y entre sus toscas manos una pequeña libreta donde anotaba sin parar con un lápiz. Fue esto último lo que más inqu...